La amistad en la música

No es la música… ¡¡SON LOS CALCETINES!!

Después de 16 años en la música, aún a día de hoy sigo preguntándome si la música es el fin, o si más bien es el medio gracias al cual no dejo de recibir un regalo tras otro en lo que a experiencias y a amistades se refiere.

Pasó muy poco tiempo, desde el momento en que hice sonar la flauta por primera vez hasta que empezaron a surgir planes como:

“…de 17h a 17:30h tengo media hora libre entre la clase de instrumento y lenguaje musical, ¿vamos al kiosko junt@s a comprarnos algo esa media hora?”

“oye, pues, podíamos quedar el fin de semana para tocar junt@s y merendar, ¿no?”

“…¿y tu qué haces en verano? ¡¡Podías venirte unos días a mi pueblo!!”

“¡¡mamá!! ¡¡papá!! He visto un cartel de un campamento musical de verano y quiero ir con mi amig@!!”

Y después de esto último… fueron los lagrimones del último día de campamento, porque durante unos días pensé que aquel lugar donde por fin la gente hablaba el mismo idioma que yo (¡y no es que yo viniera del extranjero!…), donde parecíamos conocernos de toda una vida, y donde nos dolía la tripa de reír, era mi nueva vida.

Pero muy a nuestro pesar, aquellos días llegaron a su fin… así que, no nos quedó más remedio que no dejar de escribirnos durante el resto del año, recordando las anécdotas vividas y haciendo previsión de las que vendrían el siguiente verano; no nos quedó más remedio que dar la lata a nuestras familias hasta conseguir vernos al menos una vez durante el año entre campamento y campamento…; no nos quedó más remedio que casi inventarnos una oración para que, por favor, el próximo verano volviéramos a coincidir…; y sobre todo, ya no nos queda más remedio que, pasados no pocos años, seguir haciendo el pino por conseguir cruzarnos para tomar un café de 15 minutos en la estación de tren de Madrid, a la que un@ espera su tren a Málaga para pasar las navidades con su familia, la/el otr@ coge el cercanías a Barajas en busca del avión a Alemania, y el/la de más allá cae por Madrid porque tiene ensayo con su grupo.

Pero… espera, que… sobre todo “todísimo”…: resulta que un día te ves al otro lado de un campamento, viendo en qué punto de la partitura vamos a hacer la “chorrada estrella” para mearnos de la risa, o disfrazándote de pirata para la velada de esa noche, miras a tu lado, y te ves rodeado de un equipazo de personas a las que también se les va la vida en que ese sueño no acabe, siendo ahora nosotros quienes lo hacemos realidad. Y así, sin darte cuenta… ¡¡BYE BYE BEETHOVEN!!

Y entonces, no nos queda más remedio que, aun estando bien repartid@s por la geografía del país, hacernos los kilómetros que hagan falta para grabar nuestra música, para grabar nuestro videoclip, ¡para darle forma junt@s al sueño que queremos que vivan nuestros Byethovers!

Queremos que tu también tengas la suerte de recibir un regalo tan grande como es LA AMISTAD; esa amistad que no entiende de circunstancias, ni de kilómetros de distancia. La amistad con personas, que de otra manera no habrías conocido…

Porque a día de hoy si, me dedico a la música, y no puedo sentirme más feliz  por ello, pero por lo que verdaderamente me siento afortunada, es por seguir quedando a cenar “a la que paso por…” con la misma persona con la que se me puso la piel de gallina por primera vez tocando y por la que… al abrir la maleta en casa… “¡¡ups!! ¡Estos calcetines no son mios!” 😀

La amistad en la música

¡¡Estamos deseando que de Bye Bye Beethoven nazcan esas amistades para ti por las que no vas a poder dejar la música!!

Fátima Jiménez Agüero.

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